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Прочитайте текст и выполните задания А15

А21. В каждом задании обведите цифру 123 или 4, соответствующую выбранному Вами варианту ответа.

Y al fin, tiznado enteramente el cielo, sin rayos ni relámpagos, se ha hecho la más completa oscuridad, la que envuelve a su hija perdida, acunándola en su aturdimiento. La noche se arrastra interminable. Entre el silencio de una habitación y el silencio de la otra habitación, se ha dibujado el tercer silencio: el de Floreana. Alerta 

la lluvia es un pretexto para el oído atento
, anhelando y temiendo a la vez el movimiento del otro, sin sueño alguno para conciliar. Tan pocos metros de madera y una acústica promiscua: cada crujido rebota en su boca, sus manos, su espalda cuya piel se ha erizado. ¿Vendrá? Los instantes parecen horas.

El tiempo de Floreana pierde su forma. Si unas pisadas en el piso ... ¿es idea mía o las oigo? No hay tal pisada. Continúa la lluvia sin piedad, lo único vivo de la noche.

Arroparse, cobijarse en las frazadas vacías esperando. Silencio traidor, nada se oye. Ni un crujido. Lo más sabio es que el silencio continúe, le dice una de sus voces, ése es tu designio, a eso has venido. Pero si yo no lo estoy llamando, contesta la otra voz, mi humildad yace en esta cama, no he hecho un solo gesto. No te defiendas, no te acuso, pero aunque es mudo tu grito, gritas igual.

La lana del suéter es tan delicada como su obsequio: no arrugues tu ropa al dormir, le dijo él, si no tienes pijama usa este chaleco. Levantó los brazos, desprendiendo de su cuerpo el poco calor que poseía. Floreana se fue a acostar acariciando el suéter. Ahora lo huele. Apoderarse de cualquier huella, aunque sea la de su sudor.

  Un vaso de vino antes de dormir, ¿verdad? 
  le había sugerido Flavián cuando regresaron de la casa del alcalde.

Se sentaron a la única mesa, la estufa de leña cerca 

la volvió a encender, como un advertido guardabosques
, ese olor a humedad de las casas de Chiloé rondando el aire.

Flavián la mira sin distracción y alza el vaso. Le sonríe con este placer callado y somnoliento de un buen fin de jornada.

  ¡Salud, Floreana de las Galápagos, bienvenida a esta isla!

Ella le devuelve su sonrisa más tímida. Él ha tocado esa timidez. No dan por terminado el día.

  Se me espantó el sueño con la siesta 
dice él
. ¿Tú quieres irte a dormir?

Nada más lejano a sus intenciones, detesta la separación y quiere permanecer allí.

  Entonces, abramos otra botella de vino y aprovechemos la noche. A propósito, estuviste genial en la comida. ¿Viste cómo se reía el alcalde con las expediciones de tu papá con los siete hijos a cuestas?
Y tú eres mucho mejor cuando estás con los isleños. No se te escapa ninguna agresión. Estuviste encantador, ¿sabes?
A veces lo soy 
replica él, divertido
, mientras no me entre la bestia al cuerpo. Yo estoy acostumbrado a andar solo por los pueblos, pero de repente te miraba y me preguntaba: ¿qué hace esta mujer aquí? ¡Quizás qué historias van a tener los de Puqueldón!

Flavián apoya el mentón en ambas manos. Floreana toma un Kent de la cajetilla que está al lado, y él se apresura a encenderlo, inclinándose sobre la mesa con un mechero para alcanzarla. Una gruesa vena azul surca la mano huesuda y grande del doctor; ya no es joven, y esto le inspira a Floreana, no sabe bien por qué, ternura.

Se acuerda de días en los que, fantaseando, había llegado a imaginarse como una de aquellas mujeres, con un hijo en los brazos, un hijo de Flavián. Se imaginaba feliz, o en paz, como si aquel pequeño ser, en su insuficiencia, llenase todos los vacíos sin respuesta.

¿Qué es lo que oye Floreana estando en su cama?

    1) 

La voz de Flavián.

    2) 

Los movimientos.

    3) 

Las pisadas.

    4) 

El ruido de la tempestad.



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А21. В каждом задании обведите цифру 123 или 4, соответствующую выбранному Вами варианту ответа.

Y al fin, tiznado enteramente el cielo, sin rayos ni relámpagos, se ha hecho la más completa oscuridad, la que envuelve a su hija perdida, acunándola en su aturdimiento. La noche se arrastra interminable. Entre el silencio de una habitación y el silencio de la otra habitación, se ha dibujado el tercer silencio: el de Floreana. Alerta 

la lluvia es un pretexto para el oído atento
, anhelando y temiendo a la vez el movimiento del otro, sin sueño alguno para conciliar. Tan pocos metros de madera y una acústica promiscua: cada crujido rebota en su boca, sus manos, su espalda cuya piel se ha erizado. ¿Vendrá? Los instantes parecen horas.

El tiempo de Floreana pierde su forma. Si unas pisadas en el piso ... ¿es idea mía o las oigo? No hay tal pisada. Continúa la lluvia sin piedad, lo único vivo de la noche.

Arroparse, cobijarse en las frazadas vacías esperando. Silencio traidor, nada se oye. Ni un crujido. Lo más sabio es que el silencio continúe, le dice una de sus voces, ése es tu designio, a eso has venido. Pero si yo no lo estoy llamando, contesta la otra voz, mi humildad yace en esta cama, no he hecho un solo gesto. No te defiendas, no te acuso, pero aunque es mudo tu grito, gritas igual.

La lana del suéter es tan delicada como su obsequio: no arrugues tu ropa al dormir, le dijo él, si no tienes pijama usa este chaleco. Levantó los brazos, desprendiendo de su cuerpo el poco calor que poseía. Floreana se fue a acostar acariciando el suéter. Ahora lo huele. Apoderarse de cualquier huella, aunque sea la de su sudor.

  Un vaso de vino antes de dormir, ¿verdad? 
  le había sugerido Flavián cuando regresaron de la casa del alcalde.

Se sentaron a la única mesa, la estufa de leña cerca 

la volvió a encender, como un advertido guardabosques
, ese olor a humedad de las casas de Chiloé rondando el aire.

Flavián la mira sin distracción y alza el vaso. Le sonríe con este placer callado y somnoliento de un buen fin de jornada.

  ¡Salud, Floreana de las Galápagos, bienvenida a esta isla!

Ella le devuelve su sonrisa más tímida. Él ha tocado esa timidez. No dan por terminado el día.

  Se me espantó el sueño con la siesta 
dice él
. ¿Tú quieres irte a dormir?

Nada más lejano a sus intenciones, detesta la separación y quiere permanecer allí.

  Entonces, abramos otra botella de vino y aprovechemos la noche. A propósito, estuviste genial en la comida. ¿Viste cómo se reía el alcalde con las expediciones de tu papá con los siete hijos a cuestas?
Y tú eres mucho mejor cuando estás con los isleños. No se te escapa ninguna agresión. Estuviste encantador, ¿sabes?
A veces lo soy 
replica él, divertido
, mientras no me entre la bestia al cuerpo. Yo estoy acostumbrado a andar solo por los pueblos, pero de repente te miraba y me preguntaba: ¿qué hace esta mujer aquí? ¡Quizás qué historias van a tener los de Puqueldón!

Flavián apoya el mentón en ambas manos. Floreana toma un Kent de la cajetilla que está al lado, y él se apresura a encenderlo, inclinándose sobre la mesa con un mechero para alcanzarla. Una gruesa vena azul surca la mano huesuda y grande del doctor; ya no es joven, y esto le inspira a Floreana, no sabe bien por qué, ternura.

Se acuerda de días en los que, fantaseando, había llegado a imaginarse como una de aquellas mujeres, con un hijo en los brazos, un hijo de Flavián. Se imaginaba feliz, o en paz, como si aquel pequeño ser, en su insuficiencia, llenase todos los vacíos sin respuesta.

?Con quien esta hablando la protagonista en su habitacion?

    1) 

Con Flavian.

    2) 

Con el silencio.

    3) 

Consigo misma.

    4) 

Con el autor.

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Y al fin, tiznado enteramente el cielo, sin rayos ni relámpagos, se ha hecho la más completa oscuridad, la que envuelve a su hija perdida, acunándola en su aturdimiento. La noche se arrastra interminable. Entre el silencio de una habitación y el silencio de la otra habitación, se ha dibujado el tercer silencio: el de Floreana. Alerta 

la lluvia es un pretexto para el oído atento
, anhelando y temiendo a la vez el movimiento del otro, sin sueño alguno para conciliar. Tan pocos metros de madera y una acústica promiscua: cada crujido rebota en su boca, sus manos, su espalda cuya piel se ha erizado. ¿Vendrá? Los instantes parecen horas.

El tiempo de Floreana pierde su forma. Si unas pisadas en el piso ... ¿es idea mía o las oigo? No hay tal pisada. Continúa la lluvia sin piedad, lo único vivo de la noche.

Arroparse, cobijarse en las frazadas vacías esperando. Silencio traidor, nada se oye. Ni un crujido. Lo más sabio es que el silencio continúe, le dice una de sus voces, ése es tu designio, a eso has venido. Pero si yo no lo estoy llamando, contesta la otra voz, mi humildad yace en esta cama, no he hecho un solo gesto. No te defiendas, no te acuso, pero aunque es mudo tu grito, gritas igual.

La lana del suéter es tan delicada como su obsequio: no arrugues tu ropa al dormir, le dijo él, si no tienes pijama usa este chaleco. Levantó los brazos, desprendiendo de su cuerpo el poco calor que poseía. Floreana se fue a acostar acariciando el suéter. Ahora lo huele. Apoderarse de cualquier huella, aunque sea la de su sudor.

  Un vaso de vino antes de dormir, ¿verdad? 
  le había sugerido Flavián cuando regresaron de la casa del alcalde.

Se sentaron a la única mesa, la estufa de leña cerca 

la volvió a encender, como un advertido guardabosques
, ese olor a humedad de las casas de Chiloé rondando el aire.

Flavián la mira sin distracción y alza el vaso. Le sonríe con este placer callado y somnoliento de un buen fin de jornada.

  ¡Salud, Floreana de las Galápagos, bienvenida a esta isla!

Ella le devuelve su sonrisa más tímida. Él ha tocado esa timidez. No dan por terminado el día.

  Se me espantó el sueño con la siesta 
dice él
. ¿Tú quieres irte a dormir?

Nada más lejano a sus intenciones, detesta la separación y quiere permanecer allí.

  Entonces, abramos otra botella de vino y aprovechemos la noche. A propósito, estuviste genial en la comida. ¿Viste cómo se reía el alcalde con las expediciones de tu papá con los siete hijos a cuestas?

Y tú eres mucho mejor cuando estás con los isleños. No se te escapa ninguna agresión. Estuviste encantador, ¿sabes?

A veces lo soy 
replica él, divertido
, mientras no me entre la bestia al cuerpo. Yo estoy acostumbrado a andar solo por los pueblos, pero de repente te miraba y me preguntaba: ¿qué hace esta mujer aquí? ¡Quizás qué historias van a tener los de Puqueldón!

Flavián apoya el mentón en ambas manos. Floreana toma un Kent de la cajetilla que está al lado, y él se apresura a encenderlo, inclinándose sobre la mesa con un mechero para alcanzarla. Una gruesa vena azul surca la mano huesuda y grande del doctor; ya no es joven, y esto le inspira a Floreana, no sabe bien por qué, ternura.

Se acuerda de días en los que, fantaseando, había llegado a imaginarse como una de aquellas mujeres, con un hijo en los brazos, un hijo de Flavián. Se imaginaba feliz, o en paz, como si aquel pequeño ser, en su insuficiencia, llenase todos los vacíos sin respuesta.

 

?Por que no se separa Floreana del jersey de Flavian?

    1) 

Se lo ha regalado el.

    2) 

No tiene otra ropa para dormir.

    3) 

Le da calor.

    4) 

Es agradable al tacto.




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Y al fin, tiznado enteramente el cielo, sin rayos ni relámpagos, se ha hecho la más completa oscuridad, la que envuelve a su hija perdida, acunándola en su aturdimiento. La noche se arrastra interminable. Entre el silencio de una habitación y el silencio de la otra habitación, se ha dibujado el tercer silencio: el de Floreana. Alerta 

la lluvia es un pretexto para el oído atento
, anhelando y temiendo a la vez el movimiento del otro, sin sueño alguno para conciliar. Tan pocos metros de madera y una acústica promiscua: cada crujido rebota en su boca, sus manos, su espalda cuya piel se ha erizado. ¿Vendrá? Los instantes parecen horas.

El tiempo de Floreana pierde su forma. Si unas pisadas en el piso ... ¿es idea mía o las oigo? No hay tal pisada. Continúa la lluvia sin piedad, lo único vivo de la noche.

Arroparse, cobijarse en las frazadas vacías esperando. Silencio traidor, nada se oye. Ni un crujido. Lo más sabio es que el silencio continúe, le dice una de sus voces, ése es tu designio, a eso has venido. Pero si yo no lo estoy llamando, contesta la otra voz, mi humildad yace en esta cama, no he hecho un solo gesto. No te defiendas, no te acuso, pero aunque es mudo tu grito, gritas igual.

La lana del suéter es tan delicada como su obsequio: no arrugues tu ropa al dormir, le dijo él, si no tienes pijama usa este chaleco. Levantó los brazos, desprendiendo de su cuerpo el poco calor que poseía. Floreana se fue a acostar acariciando el suéter. Ahora lo huele. Apoderarse de cualquier huella, aunque sea la de su sudor.

  Un vaso de vino antes de dormir, ¿verdad? 
  le había sugerido Flavián cuando regresaron de la casa del alcalde.

Se sentaron a la única mesa, la estufa de leña cerca 

la volvió a encender, como un advertido guardabosques
, ese olor a humedad de las casas de Chiloé rondando el aire.

Flavián la mira sin distracción y alza el vaso. Le sonríe con este placer callado y somnoliento de un buen fin de jornada.

  ¡Salud, Floreana de las Galápagos, bienvenida a esta isla!

Ella le devuelve su sonrisa más tímida. Él ha tocado esa timidez. No dan por terminado el día.

  Se me espantó el sueño con la siesta 
dice él
. ¿Tú quieres irte a dormir?

Nada más lejano a sus intenciones, detesta la separación y quiere permanecer allí.

  Entonces, abramos otra botella de vino y aprovechemos la noche. A propósito, estuviste genial en la comida. ¿Viste cómo se reía el alcalde con las expediciones de tu papá con los siete hijos a cuestas?

Y tú eres mucho mejor cuando estás con los isleños. No se te escapa ninguna agresión. Estuviste encantador, ¿sabes?

A veces lo soy 
replica él, divertido
, mientras no me entre la bestia al cuerpo. Yo estoy acostumbrado a andar solo por los pueblos, pero de repente te miraba y me preguntaba: ¿qué hace esta mujer aquí? ¡Quizás qué historias van a tener los de Puqueldón!

Flavián apoya el mentón en ambas manos. Floreana toma un Kent de la cajetilla que está al lado, y él se apresura a encenderlo, inclinándose sobre la mesa con un mechero para alcanzarla. Una gruesa vena azul surca la mano huesuda y grande del doctor; ya no es joven, y esto le inspira a Floreana, no sabe bien por qué, ternura.

Se acuerda de días en los que, fantaseando, había llegado a imaginarse como una de aquellas mujeres, con un hijo en los brazos, un hijo de Flavián. Se imaginaba feliz, o en paz, como si aquel pequeño ser, en su insuficiencia, llenase todos los vacíos sin respuesta.

 

?Quien prendio de nuevo el calentador en la habitacion donde estaban los protagonistas?

    1) 

Floreana.

    2) 

Flavian.

    3) 

El guardabosques.

    4) 

El dueno de la casa de Chiloe.


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А21. В каждом задании обведите цифру 123 или 4, соответствующую выбранному Вами варианту ответа.

Y al fin, tiznado enteramente el cielo, sin rayos ni relámpagos, se ha hecho la más completa oscuridad, la que envuelve a su hija perdida, acunándola en su aturdimiento. La noche se arrastra interminable. Entre el silencio de una habitación y el silencio de la otra habitación, se ha dibujado el tercer silencio: el de Floreana. Alerta 

la lluvia es un pretexto para el oído atento
, anhelando y temiendo a la vez el movimiento del otro, sin sueño alguno para conciliar. Tan pocos metros de madera y una acústica promiscua: cada crujido rebota en su boca, sus manos, su espalda cuya piel se ha erizado. ¿Vendrá? Los instantes parecen horas.

El tiempo de Floreana pierde su forma. Si unas pisadas en el piso ... ¿es idea mía o las oigo? No hay tal pisada. Continúa la lluvia sin piedad, lo único vivo de la noche.

Arroparse, cobijarse en las frazadas vacías esperando. Silencio traidor, nada se oye. Ni un crujido. Lo más sabio es que el silencio continúe, le dice una de sus voces, ése es tu designio, a eso has venido. Pero si yo no lo estoy llamando, contesta la otra voz, mi humildad yace en esta cama, no he hecho un solo gesto. No te defiendas, no te acuso, pero aunque es mudo tu grito, gritas igual.

La lana del suéter es tan delicada como su obsequio: no arrugues tu ropa al dormir, le dijo él, si no tienes pijama usa este chaleco. Levantó los brazos, desprendiendo de su cuerpo el poco calor que poseía. Floreana se fue a acostar acariciando el suéter. Ahora lo huele. Apoderarse de cualquier huella, aunque sea la de su sudor.

  Un vaso de vino antes de dormir, ¿verdad? 
  le había sugerido Flavián cuando regresaron de la casa del alcalde.

Se sentaron a la única mesa, la estufa de leña cerca 

la volvió a encender, como un advertido guardabosques
, ese olor a humedad de las casas de Chiloé rondando el aire.

Flavián la mira sin distracción y alza el vaso. Le sonríe con este placer callado y somnoliento de un buen fin de jornada.

  ¡Salud, Floreana de las Galápagos, bienvenida a esta isla!

Ella le devuelve su sonrisa más tímida. Él ha tocado esa timidez. No dan por terminado el día.

  Se me espantó el sueño con la siesta 
dice él
. ¿Tú quieres irte a dormir?

Nada más lejano a sus intenciones, detesta la separación y quiere permanecer allí.

  Entonces, abramos otra botella de vino y aprovechemos la noche. A propósito, estuviste genial en la comida. ¿Viste cómo se reía el alcalde con las expediciones de tu papá con los siete hijos a cuestas?

Y tú eres mucho mejor cuando estás con los isleños. No se te escapa ninguna agresión. Estuviste encantador, ¿sabes?

A veces lo soy 
replica él, divertido
, mientras no me entre la bestia al cuerpo. Yo estoy acostumbrado a andar solo por los pueblos, pero de repente te miraba y me preguntaba: ¿qué hace esta mujer aquí? ¡Quizás qué historias van a tener los de Puqueldón!

Flavián apoya el mentón en ambas manos. Floreana toma un Kent de la cajetilla que está al lado, y él se apresura a encenderlo, inclinándose sobre la mesa con un mechero para alcanzarla. Una gruesa vena azul surca la mano huesuda y grande del doctor; ya no es joven, y esto le inspira a Floreana, no sabe bien por qué, ternura.

Se acuerda de días en los que, fantaseando, había llegado a imaginarse como una de aquellas mujeres, con un hijo en los brazos, un hijo de Flavián. Se imaginaba feliz, o en paz, como si aquel pequeño ser, en su insuficiencia, llenase todos los vacíos sin respuesta.

 

?Que pretende hacer Floreana por la noche?

    1) 

Acostarse en seguida.

    2) 

Tomar vino.

    3) 

Estar con Flavian.

    4) 

Hablar de lo que ha sucedido durante el dia.


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Y al fin, tiznado enteramente el cielo, sin rayos ni relámpagos, se ha hecho la más completa oscuridad, la que envuelve a su hija perdida, acunándola en su aturdimiento. La noche se arrastra interminable. Entre el silencio de una habitación y el silencio de la otra habitación, se ha dibujado el tercer silencio: el de Floreana. Alerta 

la lluvia es un pretexto para el oído atento
, anhelando y temiendo a la vez el movimiento del otro, sin sueño alguno para conciliar. Tan pocos metros de madera y una acústica promiscua: cada crujido rebota en su boca, sus manos, su espalda cuya piel se ha erizado. ¿Vendrá? Los instantes parecen horas.

El tiempo de Floreana pierde su forma. Si unas pisadas en el piso ... ¿es idea mía o las oigo? No hay tal pisada. Continúa la lluvia sin piedad, lo único vivo de la noche.

Arroparse, cobijarse en las frazadas vacías esperando. Silencio traidor, nada se oye. Ni un crujido. Lo más sabio es que el silencio continúe, le dice una de sus voces, ése es tu designio, a eso has venido. Pero si yo no lo estoy llamando, contesta la otra voz, mi humildad yace en esta cama, no he hecho un solo gesto. No te defiendas, no te acuso, pero aunque es mudo tu grito, gritas igual.

La lana del suéter es tan delicada como su obsequio: no arrugues tu ropa al dormir, le dijo él, si no tienes pijama usa este chaleco. Levantó los brazos, desprendiendo de su cuerpo el poco calor que poseía. Floreana se fue a acostar acariciando el suéter. Ahora lo huele. Apoderarse de cualquier huella, aunque sea la de su sudor.

  Un vaso de vino antes de dormir, ¿verdad? 
  le había sugerido Flavián cuando regresaron de la casa del alcalde.

Se sentaron a la única mesa, la estufa de leña cerca 

la volvió a encender, como un advertido guardabosques
, ese olor a humedad de las casas de Chiloé rondando el aire.

Flavián la mira sin distracción y alza el vaso. Le sonríe con este placer callado y somnoliento de un buen fin de jornada.

  ¡Salud, Floreana de las Galápagos, bienvenida a esta isla!

Ella le devuelve su sonrisa más tímida. Él ha tocado esa timidez. No dan por terminado el día.

  Se me espantó el sueño con la siesta 
dice él
. ¿Tú quieres irte a dormir?

Nada más lejano a sus intenciones, detesta la separación y quiere permanecer allí.

  Entonces, abramos otra botella de vino y aprovechemos la noche. A propósito, estuviste genial en la comida. ¿Viste cómo se reía el alcalde con las expediciones de tu papá con los siete hijos a cuestas?

Y tú eres mucho mejor cuando estás con los isleños. No se te escapa ninguna agresión. Estuviste encantador, ¿sabes?

A veces lo soy 
replica él, divertido
, mientras no me entre la bestia al cuerpo. Yo estoy acostumbrado a andar solo por los pueblos, pero de repente te miraba y me preguntaba: ¿qué hace esta mujer aquí? ¡Quizás qué historias van a tener los de Puqueldón!

Flavián apoya el mentón en ambas manos. Floreana toma un Kent de la cajetilla que está al lado, y él se apresura a encenderlo, inclinándose sobre la mesa con un mechero para alcanzarla. Una gruesa vena azul surca la mano huesuda y grande del doctor; ya no es joven, y esto le inspira a Floreana, no sabe bien por qué, ternura.

Se acuerda de días en los que, fantaseando, había llegado a imaginarse como una de aquellas mujeres, con un hijo en los brazos, un hijo de Flavián. Se imaginaba feliz, o en paz, como si aquel pequeño ser, en su insuficiencia, llenase todos los vacíos sin respuesta.

 

?Por que estuvo de buen humor el alcalde durante la recepcion?

    1) 

La comida estuvo buena.

    2) 

Se puso contento con los resultados de la expedición de Floreana.

    3) 

Flavian estuvo simpatico y encantador.

    4) 

Le gustaron las historias sobre la familia de Floreana.


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А21. В каждом задании обведите цифру 123 или 4, соответствующую выбранному Вами варианту ответа.

Y al fin, tiznado enteramente el cielo, sin rayos ni relámpagos, se ha hecho la más completa oscuridad, la que envuelve a su hija perdida, acunándola en su aturdimiento. La noche se arrastra interminable. Entre el silencio de una habitación y el silencio de la otra habitación, se ha dibujado el tercer silencio: el de Floreana. Alerta 

la lluvia es un pretexto para el oído atento
, anhelando y temiendo a la vez el movimiento del otro, sin sueño alguno para conciliar. Tan pocos metros de madera y una acústica promiscua: cada crujido rebota en su boca, sus manos, su espalda cuya piel se ha erizado. ¿Vendrá? Los instantes parecen horas.

El tiempo de Floreana pierde su forma. Si unas pisadas en el piso ... ¿es idea mía o las oigo? No hay tal pisada. Continúa la lluvia sin piedad, lo único vivo de la noche.

Arroparse, cobijarse en las frazadas vacías esperando. Silencio traidor, nada se oye. Ni un crujido. Lo más sabio es que el silencio continúe, le dice una de sus voces, ése es tu designio, a eso has venido. Pero si yo no lo estoy llamando, contesta la otra voz, mi humildad yace en esta cama, no he hecho un solo gesto. No te defiendas, no te acuso, pero aunque es mudo tu grito, gritas igual.

La lana del suéter es tan delicada como su obsequio: no arrugues tu ropa al dormir, le dijo él, si no tienes pijama usa este chaleco. Levantó los brazos, desprendiendo de su cuerpo el poco calor que poseía. Floreana se fue a acostar acariciando el suéter. Ahora lo huele. Apoderarse de cualquier huella, aunque sea la de su sudor.

  Un vaso de vino antes de dormir, ¿verdad? 
  le había sugerido Flavián cuando regresaron de la casa del alcalde.

Se sentaron a la única mesa, la estufa de leña cerca 

la volvió a encender, como un advertido guardabosques
, ese olor a humedad de las casas de Chiloé rondando el aire.

Flavián la mira sin distracción y alza el vaso. Le sonríe con este placer callado y somnoliento de un buen fin de jornada.

  ¡Salud, Floreana de las Galápagos, bienvenida a esta isla!

Ella le devuelve su sonrisa más tímida. Él ha tocado esa timidez. No dan por terminado el día.

  Se me espantó el sueño con la siesta 
dice él
. ¿Tú quieres irte a dormir?

Nada más lejano a sus intenciones, detesta la separación y quiere permanecer allí.

  Entonces, abramos otra botella de vino y aprovechemos la noche. A propósito, estuviste genial en la comida. ¿Viste cómo se reía el alcalde con las expediciones de tu papá con los siete hijos a cuestas?

Y tú eres mucho mejor cuando estás con los isleños. No se te escapa ninguna agresión. Estuviste encantador, ¿sabes?

A veces lo soy 
replica él, divertido
, mientras no me entre la bestia al cuerpo. Yo estoy acostumbrado a andar solo por los pueblos, pero de repente te miraba y me preguntaba: ¿qué hace esta mujer aquí? ¡Quizás qué historias van a tener los de Puqueldón!

Flavián apoya el mentón en ambas manos. Floreana toma un Kent de la cajetilla que está al lado, y él se apresura a encenderlo, inclinándose sobre la mesa con un mechero para alcanzarla. Una gruesa vena azul surca la mano huesuda y grande del doctor; ya no es joven, y esto le inspira a Floreana, no sabe bien por qué, ternura.

Se acuerda de días en los que, fantaseando, había llegado a imaginarse como una de aquellas mujeres, con un hijo en los brazos, un hijo de Flavián. Se imaginaba feliz, o en paz, como si aquel pequeño ser, en su insuficiencia, llenase todos los vacíos sin respuesta.

 

?Que siente de repente Floreana hacia Flavian?

    1) 

Admiracion por su profesion de doctor.

    2) 

Un profundo carino.

    3) 

Un amor frenesi.

    4) 

Un agradecimiento por ser tan caballero con ella.


Установите соответствие между заголовками 1и текстами A–G. Занесите свои ответы в таблицу. Используйте каждую цифрутолько один раз. В задании один заголовок лишний.

1. 

Tradición y publicidad

2. 

Obras perdidas

3. 

¿Cómo se llama tu bebé?

4. 

Renovador del baile

   
5. 

Festividad especial

 

6. 

El mejor entre los mejores

7. 

Predicciones indígenas

8. 

Para entendernos mejor

A. 

Hay fechas que celebramos con mucho cariño. El día del Padre es una de las más esperadas del año. La fiesta de San José (modelo de padre) nació hace 102 años de la mano de Sonora Dodd, una hija muy orgullosa de su padre. Para ella, era como un héroe moderno que había realizado todo tipo de sacrificios para sacar adelante a su familia. Finalmente, el primer día del Padre se celebró el 19 de junio de 1910, en Washington. Más tarde,  se convirtió en una fiesta nacional.

 

B. 

En España se acostumbra a llamar “rusos” a todos los turistas y empresarios de la Europa del Este. El libro “Rusos en España” clasifica y describe a los rusohablantes de España. Es un ambicioso proyecto social que persigue un único objetivo: ayudar a los españoles a conocer mejor a los ciudadanos de la ex URSS que residen en España. Esto es importante para conseguir una rápida comprensión mutua y para evitar malentendidos en la comunicación.

 

C. 

El arquitecto Rafael Moneo ganó el premio Príncipe de Asturias de las Artes 2012 al que optaban 39 candidaturas procedentes de 25 países. Entre los candidatos figuraban la bailarina cubana Alicia Alonso, el Circo del Sol y el Teatro Bolshoi. Considerado uno de los más importantes arquitectos de vanguardia, Moneo se licenció en 1961 por la Escuela de Arquitectura de Madrid, diseñó, entre otros, la estación de Atocha y la ampliación del Museo del Prado.

 

D. 

Desaparecen cientos de piezas artísticas de gran valor cada año. Entre el largo listado de creaciones artísticas cuya ubicación se ha perdido a lo largo de los siglos no faltan obras de grandes maestros. En el caso de Rembrandt, su obra perdida más famosa es 'La circuncisión de Cristo' (1646), una pintura que formaba parte de una serie dedicada a la vida y pasión de Jesucristo. Los historiadores han barajado distintas hipótesis para explicar su ausencia.

 

E. 

Los investigadores que ayudaron a descubrir y descifrar las inscripciones antiguas dijeron que el calendario maya prevé una vasta progresión de tiempo, y que la fecha de diciembre de 2012 es el comienzo de un nuevo ciclo calendario llamado “baktun”. Las débilmente visibles inscripciones numéricas en la pared en Guatemala también miden el tiempo en seis ciclos lunares, con pequeñas y estilizadas figuras de dioses mayas.

 

F. 

José, Daniel y Lucía son los nombres más repetidos entre los nacidos en España, según el Instituto Nacional de Estadística. La primera denominación con fonética extranjera es Mohamed, es el nombre masculino más extendido en España entre los foráneos, seguido por Ahmed. En el caso de las mujeres, los más comunes son María, que llevan siete de cada mil extranjeras, y Fátima, con incidencia similar.

 

G. 

Nacho Duato acaba de ser nombrado Personaje Popular del Año por la revista rusa Sabaka. El ex director de la Compañía Nacional de Danza de España está cosechando un éxito sin precedentes como emigrante de lujo en San Petersburgo, la meca del ballet clásico, donde dirige el Teatro Mihailovski. Su último espectáculo, “Multiplicidad”, causó sensación en la antigua capital rusa, ya entregada sin reservas a su talento innovador.

 


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Académico al frente del Instituto Cervantes

Tras la negativa del escritor peruano Mario Vargas Llosa para dirigir el Instituto Cervantes, el filólogo español Víctor García de la Concha fue nombrado nuevo director el pasado mes de febrero. El asturiano ha estado al frente de la Real Academia Española durante diez años y es un experto en literatura; una A__________ del siglo XX.

En el discurso de toma de posesión del cargo estuvieron dos B__________ institución y académicos de la RAE. Ante todos los asistentes García dela Concha aseguró que “el Cervantes formará y enviará a todo el mundo misioneros C__________”. El nuevo director se centrará en reforzar el español en países como Estados Unidos, Brasil y China.

Víctor García de la Concha se ha dejado la salud en el esfuerzo D__________ con las Academias de Iberoamérica, Estados Unidos y Filipinas. A base de sabiduría filológica, de profundo conocimiento literario, de habilidad negociadora, el académico ha amasado la acción común de todas ellas sin sectarismos ni exclusiones, al margen de cualquier posición política. En sus incontables viajes a América estableció una red de relaciones personalesE__________. Y ahí están sus realizaciones concretas, además de la próxima edición del Diccionario tradicional: la colosal Gramática, la renovada Ortografía, el Diccionario Panhispánico de Dudas, el Diccionario de Americanismos … Al esfuerzo de García de la Concha y las Academias F__________han contribuido de forma decisiva los medios de comunicación, sobre todo la televisión con sus series y sus telenovelas, intercambiables entre los países hispanohablantes.

 

  
1. 

que enseñarán el evangelio del español

2. 

por mantener la unidad del idioma

3. 

de sus especialidades es la poesía

4. 

por intensificar la relación

5. 

que encabezó este organismo

6. 

de los anteriores directores de esta

7. 

que facilitaron el gran éxito de su gestión

 

Прочитайте текст и выполните задания А15 – А21. В каждом задании укажите номер выбранного Вами варианта ответа.

Mi hermano mayor me despertó a medianoche para revelarme el siguiente secreto:

– Dentro de poco te dirán que los Reyes Magos son los padres. Se lo dicen a todo el mundo al cumplir tu edad. No te lo creas. Los Reyes existen, pero como los mayores no saben el modo de explicar su existencia, dicen eso, que son los padres.

Mi hermano dormía en la cama de al lado. Nuestra relación no era ni buena ni mala, así que a veces nos llevábamos bien y a veces mal. Pero éramos cómplices de muchas cosas. Fumamos el primer cigarrillo juntos; hurtamos juntos también las primeras monedas del bolsillo de la chaqueta de mi padre; él me hacía los deberes de matemáticas y yo los de lengua … Dependíamos el uno del otro, en fin, en demasiadas cosas. Como decía aquél, dos que han robado caballos juntos están condenados a protegerse. La protección pasaba por hacernos este tipo de confidencias sobre las verdades básicas de la vida. Si los Reyes existían y él lo había averiguado, era mejor que yo lo supiera, por duro que resultara para mí.

Lo cierto es que yo ya había oído en el colegio rumores acerca de que Melchor, Gaspar y Baltasar eran los padres. Pero no les había prestado atención. Lo que no podía imaginarme era que los rumores procedieran de los adultos. Si ya les tenía poco respeto, lo perdieron del todo tras la revelación de mi hermano mayor.

En efecto, ese mismo año, cuando nos dieron las vacaciones de Navidad, mi madre me llamó un día y empezó a preguntarme qué pensaba yo de los Reyes Magos.

Le dije que les tenía en gran consideración (no de este modo, claro, no era un niño cursi), aunque no siempre me trajeran lo que les pedía, pues me hacía cargo de que había en el mundo muchos niños y que no podían complacer a todos. Mamá se quedó desconcertada, ya que lo normal, cuando a un chico se le quita la venda de los ojos en este asunto, es que el chico esté ya al cabo de la calle. Creo que estuvo a punto de desistir, pero finalmente tomó aire y me dijo que los Reyes Magos eran los padres.

– Se trata – añadió – de una mentira que mantenemos durante la infancia, porque la infancia es una época de ilusiones fantásticas, pero tú ya no tienes edad para creer en los Reyes.

Mi hermano me había aconsejado que cuando me contaran la mentira de que los Reyes eran los padres, fingiera que me lo creía, pues de lo contrario les parecería un chico raro y me llevarían al psicólogo.

Hice, pues, como que me lo creía y me fui a mi cuarto a escribir la carta a los Reyes, una carta, por primera vez, clandestina. Ese año, habida cuenta de que ya era un chico mayor y que me hacía cargo de la situación mundial, que era un desastre, les pedí cosas más razonables que en otras ocasiones. Mi hermano puso mi carta en el mismo sobre que la suya y se encargó de echarlas al correo. Curiosamente, ése fue el primer año que me trajeron todo lo que les pedí.

Tuve la suerte de mantener esa ilusión durante mucho tiempo. Si he de ser sincero, no recuerdo exactamente la edad en la que dejé de creer en los Reyes Magos, quizá cuando falleció mi hermano y en su funeral recordé esta historia fantástica que no sé cómo se le pudo ocurrir. Aunque también es cierto que una vez instalado en el mundo de los adultos comprobé que mentían tanto y de manera tan gratuita, que no sería raro que mi hermano llevara razón y que también hubieran mentido en esto. Este año, como todos desde aquella época, les escribí una carta clandestina (en mi casa ya no creen en los Reyes ni mis hijos) y me han traído de nuevo todo lo que les pedí.

 

El hermano del narrador quería advertirle de que …

    1) 

los padres iban a hablar con él de los Reyes Magos.

    2) 

los Reyes Magos no existían en realidad.

    3) 

él tenía que invitar a todo el mundo a su cumpleaños.

    4) 

las personas mayores y los niños no se entendían.

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